martes, 2 de junio de 2009

Especial Nuevos Talentos

Desde aquí me gustaría agradecer a Universo Romance y Autoras en la Sombra esta oportunidad tan fantástica que nos han brindado a las novatillas.

Y a los demás ya sabéis, sólo tenéis que buscarme por la E... de Elementa :P.


lunes, 1 de junio de 2009

Buesa


No me gusta la poesía, nunca me ha gustado. De hecho me irrita bastante, porque no entiendo en qué momento mi razonamiento abstracto dejó de evolucionar y se quedó estancado justo antes de aprender a comprender los dobles sentidos y las bellezas ocultas de la poética. Para mí, la poesía puede ser vista desde dos enfoques distintos: aquel en el que carece por completo de sentido pero está tan estética y cuidadamente elaborada que el significado importa poco, o aquel en el que tiene un trasfondo tan personal e intimista que es imposible, por muy similares que seamos los seres humanos, que Fulano sea capaz de descifrar al pie de la letra lo que Mengano quería decir cuando escribió tal cosa un viernes a las cinco de la madrugada ahogado en el alcohol.


Por todo ello, apunto y mantengo que no me gusta la poesía, excepto un poema de J.A. Buesa, el único, que siempre, siempre, SIEMPRE, me remueve hasta lo más hondo.


La sed insaciable


Decir adiós… La vida es eso.

Y yo te digo adiós, y sigo…

Volver a amar es el castigo

de los que amaron con exceso.


Amar y amar toda la vida,

y arder en esa llama.

Y no saber por qué se ama…

Y no saber por qué se olvida…


Coger las rosas una a una,

beber un vino y otro vino,

y andar y andar por un camino

que no conduce a parte alguna.


Buscar la luz que se eterniza,

la clara lumbre durarera,

y al fin saber que en una hoguera

lo que más dura es la ceniza.


Sentir más sed en cada fuente

y ver más sombra en cada abismo,

en este amor que es siempre el mismo,

pero que siempre es diferente.


Porque en sordo desacuerdo

de lo soñado y lo vivido,

siempre, del fondo del olvido,

nace la muerte de un recuerdo.


Y en esta angustia que no cesa,

que toca el alma y no la toca,

besar la sombra de otra boca

en cada boca que se besa…



Buesa está considerado como uno de los grandes "poetas del pueblo" en Cuba, uno de esos autores que la crítica sitúa en la lista negra pero que se llevan por delante el cariño y la admiración de miles de personas en las calles, en las casas, en los bajos fondos, en el boca a boca. Llamadme bruta, si queréis, pero ésa, al fin y al cabo, es la única poesía que cuenta. La única que yo entiendo. Y la que comparto.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Reencuadre


(O de cómo la psicología puede aplicarse a los sueños)

Ejemplos:
Siempre estás contradiciendo a los demás —— Reencuadre: Me preocupa que los demás pueda estar equivocados, por eso les facilito todas las alternativas.


Me bloqueo bajo presión —— Reencuadre: Necesito tiempo para realizar un óptimo trabajo.

Caso 1:
Las editoriales no me hacen ni puto caso —— Reencuadre: En realidad están esperando a que pase la crisis para hacerme una promoción que ya quisieran la Rowling y Zafón juntos y, de paso, dedicarme todos sus beneficios.

Caso 2:
No me apetece escribir —— Reencuadre: Tengo tanto talento que no me hacen falta ni ganas para hacer auténticas obras maestras. De hecho, estoy pensando en escribir la nueva novela con los ojos cerrados, las manos atadas y el portátil apagado y, aun así, me saldrá redonda.

Aprendiendo a ver la vida a través de reencuadres. Es la leche, os lo recomiendo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Noche de Sábado Santo

Viví deprisa. No dejé un bonito cadáver, como diría James Dean, pero sí un rastro de amargura y remordimientos detrás de mí. Brasas que vinieron a erosionar un suelo que ya era de cenizas.


Quise abarcar entre mis brazos juveniles más de lo que entre estos podía caber. Quise tocar el cielo con los dedos y deslizarme en tobogán hasta el infierno. Viví deprisa, y no muy mal, todo hay que decirlo. Conocí dolores que ninguna persona cuerda debería haber conocido, pero también alegrías que ninguna persona cuerda conocerá nunca.



Viví deprisa, dando rienda suelta a mi irrefrenable ansia de experimentar. Me lancé a piscinas sin agua, por cuestas sin frenos, de cabeza contra zarzas de espinos. Viví deprisa, siempre tratando de mitigar esa sed insaciable de vivir.



Viví deprisa. Más, quizá, de lo que debería haber vivido. Hasta que llegaron las letras a calmarme.



Estoy a una semana de cumplir 24 años. Es sábado de madrugada. Las latas vacías se acumulan a mi alrededor. No fumo, pero si lo hiciera, seguro que estaría rodeada de colillas. El cursor parpadea sobre un documento de Word que lleva abierto toda la tarde, y la trama de Noche de Viernes Santo se hila poco a poco entre renglones. Entre páginas web, entre la espiral de colores del reproductor de windows media, entre catálogos y anhelos. Entre suspiros y señales de victoria.



Viví deprisa, muy deprisa, durante años. Luego llegaron las letras y me dieron la paz, calmaron mi cuerpo y sofocaron el nudo de mi pecho.



Mi mente, sin embargo, aún se mueve a la misma velocidad.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El terror de las embajadas



La llaman... el terror de las embajadas y oficinas de turismo.


Dicen que acecha a su presa a través de Google y las Páginas Amarillas, y que está dispuesta a abalanzarse sobre ella en cuanto abre su cuenta de correo electrónico.


Sus víctimas la reconocen por sus largas parrafadas via mail y por una ligera obsesión por solicitar acuses de recibo.


Es temida, asimismo, por los cónsules, los agentes de viajes, los funcionarios del estado, el personal de correos... Es especialmente odiada por estos últimos al obligarles a subir hasta el tercer piso envíos que nunca caben en el buzón.


La madre del terror de las embajadas y oficinas de turismo nos hace llegar sus protestas por el incipiente síndrome de Diógenes centrado en los folletos y catálogos de destinos internacionales que padece su hija.


Primero le tocó a Irlanda, luego fue Nueva Orleans... Los alaridos de pavor de su última víctima, Chipre, aún resuenan en las noches de luna llena...

domingo, 17 de mayo de 2009

Esto se acaba, Charlotte

Con el punto final definitivo a Noche de Mardi Gras no se cierra sólo el proceso de creación de una novela, sino una de las experiencias más increíblemente satisfactorias de mi vida. Es más que un libro; es un sueño cumplido, una fantasía hecha realidad. Una vivencia que me ha llenado más de lo que nunca pude imaginar.

Las labores de corrección han sido arduas y frustrantes. El boli rojo echaba humo en su paso vertiginoso sobre el papel, tachando párrafos, ordenando ideas y sustituyendo expresiones. Lo he alargado al máximo, temiendo el momento en el que tendría que cerrar las tapas y guardarlo en el disco duro. Ese momento ha llegado. Creo que el resultado final es bueno. Tal vez podría haber sido mejor, tal vez podría haber quedado perfecto, pero son mis niños, al fin y al cabo, y ahí reside también parte de su encanto.


Toca seguir adelante. Lea y Sam piden paso y no estoy dispuesta a hacerles esperar más. Sin embargo, esta vez soy yo la que desconfía de mis propias posibilidades. Al igual que tuve que luchar contra las opiniones negativas que meses atrás me decían que no sería capaz de superar Faery, ahora voy a tener que pelear, y duro, conmigo misma. Sé que puedo hacerlo, sé que todo saldrá bien al final, pero nada podrá moverme por dentro como David y Charlotte lo hicieron...