viernes, 14 de febrero de 2014
Un San Valentín inmejorable
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miércoles, 12 de febrero de 2014
Asmodeus
El rugido de una Ducati Diavel Dark rasgó el ambiente alborozado
del Boulevard Saint Germain y resonó en las contraventanas del sexto arrondissement. A la altura de la
pequeña plaza de Henri Mondor, la cola que esperaba ante la taquilla del cine
se giró con la coordinación de una lombriz, y decenas de ojos siguieron la
estela de la motocicleta desde sus asientos en las terrazas. Junto a la boca de
metro de Odéon, mientras aguardaba la llegada del ser más impuntual a este lado
del Sistema Solar, Angélica se sobresaltó e inspeccionó la calzada.
Lo que
vio, la obligó a quitarse las gafas de sol y a abrir la boca. Por ese orden.
El
piloto tiró del manillar del freno, y mil doscientos centímetros cúbicos se detuvieron de
un envite justo delante de sus estupefactos ojos. El humo parduzco barbotó
desde el tubo de escape en una serpenteante carrera hacia el abismo, y las
bujías, montadas al aire, refulgieron con la fuerza de las llamas del Infierno.
Dos palabras de un llamativo escarlata se superponían la una a la otra sobre
una esquina del chasis.
From Hell.
Una bota tocó el
suelo, seguida de otra más. Los músculos de las piernas del motorista se
delineaban sugerentes bajo los pantalones, los mismos que, a la altura de las
caderas, no dejaban lugar a la imaginación. Angélica tragó saliva; su mirada continuó
en ascenso. Como si de una montañista se tratase, el oxígeno fue desapareciendo
de sus pulmones a medida que subían sus ojos.
Con la
agilidad de una gacela, el hombre se deshizo de los rígidos guantes. Al subir
los brazos para desabrocharse las correas del casco, una estrecha franja de
piel quedó al descubierto en la cintura. Piel sedosa, marcada tan sólo por la
presencia inoportuna —y
demoledora— de
una sinuosa cola de reptil en los confines del ombligo. Llegados a ese punto, Angélica
se vio forzada a tomar aire.
Una
cascada de angelicales mechones rubios hizo acto de presencia sobre los
hombros.
Asmodeus
se giró hacia ella glorioso, arrogante. Había esperado encontrarse con un
demonio huraño, malhumorado tras el encuentro interrupto de la jornada
anterior. Sin embargo, tenía ante sí a un Asmodeus dispuesto a sacar partido de
todo su poder. Consciente hasta la soberbia de la instintiva sensualidad que
destilaba su cuerpo claro y su aura oscura. Un brillo de solitaria necesidad
despuntó en sus ojos, y Angélica se mordió el labio al imaginar cuánto afecto
sería capaz de darle ella con las muñecas atadas al cabecero de la cama...
© Érika Gael
Imagen: Travis Fimmel
viernes, 31 de enero de 2014
Angélica
Ya queda menos, mucho menos, para que tengáis entre vuestras manos Noche de Tentación. Por eso, no se me ocurre un modo mejor de despedir enero que presentándola. A ella. A Angélica. Uno de los contrapuntos de esa lucha de gigantes que conforma esta historia. Y tampoco se me ocurre mejor forma de que la conozcáis un poco más que a través de su polo opuesto: Asmodeus. Él. El mismísimo.
A las doce en punto, con precisión de relojero, la
puerta que daba a la Rue du Fouarre se abrió, y el cristal tintineó en los
goznes como una campanilla anunciadora. Asmodeus se giró a tiempo de ver la
figura esbelta y diáfana entrar en el bistró. Para su maldita desgracia, todo
el local pareció resplandecer con ella dentro.
Durante
unos segundos, tuvo la oportunidad de contemplarla a placer sin que ella se
supiera observada. Estaba quieta, muy quieta, con aquellos enormes ojos azules
convertidos en los de un ratoncillo asustado. Llevaba un vestido de color teja,
largo hasta las rodillas y adornado con un par de mangas francesas. Su pelo
rubio, suelto y recién cepillado, ondeaba como espuma dorada sobre los hombros.
Hubo un
tiempo en que Asmodeus hubiese caminado sobre los fuegos del Infierno por esa
mujer. Oh, espera, de hecho así había sido. Se había abrasado en las llamas del
Mal por ella. Había padecido sufrimientos que ningún cuerdo podría soportar
jamás sin caer preso en la locura. Había conocido la gloria y el abismo de manos
de la misma criatura.
Había
esperado que, algún día, ella fuera tras él. Que confesara que todo había sido un
error, que se explicara, que se arrepintiera y, sobre todo, que se quedara a su
jodido lado para siempre. Que avivara con esa sonrisa incauta todas sus
esperanzas podridas.
Esperó.
Esperó.
Esperó.
Ahora,
lo único que aguardaba con impaciencia era que ella caminara sobre las mismas cenizas
que lo habían visto corromperse a él.
Aquella diablesa consumada le debía
una. Y, por todos los perros del Infierno, se la iba a cobrar exquisitamente
cara. No tenía escapatoria...
Imagen: Diane Kruger
lunes, 27 de enero de 2014
21.3.14
Angélica es sensata, responsable, abnegada.
Asmodeus es rebelde, lujurioso, impredecible.
Angélica es la hermana gemela del arcángel Gabriel.
Asmodeus, uno de los más fieles acólitos de Lucifer.
Por orden de sus superiores, Angélica va a pasar unos cuantos días de verano en París.
Porque le da la gana, Asmodeus..., también.
Ésta es la historia de un ángel y un demonio. De una mujer y un hombre. Pero, sobre todo, es la historia de dos seres que se perdieron a sí mismos la noche en que se perdieron el uno al otro.
Y, tal vez, ya haya llegado el momento de que se encuentren...
*** A LA VENTA EL 21 DE MARZO ***
Asmodeus es rebelde, lujurioso, impredecible.
Angélica es la hermana gemela del arcángel Gabriel.
Asmodeus, uno de los más fieles acólitos de Lucifer.
Por orden de sus superiores, Angélica va a pasar unos cuantos días de verano en París.
Porque le da la gana, Asmodeus..., también.
Ésta es la historia de un ángel y un demonio. De una mujer y un hombre. Pero, sobre todo, es la historia de dos seres que se perdieron a sí mismos la noche en que se perdieron el uno al otro.
Y, tal vez, ya haya llegado el momento de que se encuentren...
*** A LA VENTA EL 21 DE MARZO ***
Diseño de cubierta: Papagayo Software
Imagen de cubierta: Julien Galard
Imagen de cubierta: Julien Galard
lunes, 20 de enero de 2014
Ex-kamikaze
Siempre me he considerado un ser un poco -por no decir bastante- disparatado. Más que disparatado; kamikaze. Capaz de tomar decisiones cruciales con una facilidad asombrosa y no volver jamás la vista atrás. Capaz, también, de abalanzarse sobre cualquier cosa apetecible que se le cruzara por delante e involucrarse en ella hasta límites insospechados, llámese literatura o llámese como sea. Uno de esos seres que no importaba cuántas veces ni en qué dolorosas condiciones le hubiesen roto el corazón, porque iba a volver a dejarse arrastrar sin medir las consecuencias en cuanto el amor tocara a su puerta de nuevo.
Siempre me he considerado una mujer temeraria prácticamente en todos los aspectos de mi vida. Hasta que me di cuenta de lo terriblemente cobarde que soy -o, mejor dicho, que vuelvo a ser- a la hora de mostrarle al mundo mis escritos para que el mundo haga con ellos -y conmigo- lo que quiera. Me costó veintitrés años de mi vida exponerme al ojo crítico del público y, justo cuando comenzaba a salir a flote, cuando más o menos había aprendido a vivir con la sensación de que mis letras formaban parte de un grandioso y reluciente escaparate, y que no había nada perjudicial en ello, las circunstancias volvieron a empujarme a las profundidades otra vez...
A estas alturas, seguramente, much@s ya os estaréis preguntando por qué me estoy demorando tanto en haceros partícipes de los detalles de esa "Noche de Tentación" que tantas alegrías me está dando. En qué momento este blog dejó de ser aquel enorme circo de tres pistas donde mostraba orgullosa los pormenores de mis creaciones, y se convirtió en esto que es ahora. El hábitat natural de una escritora reservada y miedosa. La huella erosionada del caparazón de una ex-kamikaze.
Pero ya es hora de que eso cambie. Ya es hora de que vuelva a sentir parte de esa confianza alocada, aunque sea por la fuerza bruta. Implosión, que decían en mi facultad... Hoy ha sido un buen día; tengo motivos más que de sobra para estar feliz y celebrarlo con vosotr@s. Hoy soy optimista, y es un buen momento para someterme incluso al más sádico de los tratamientos antifóbicos. Por eso hoy, ahora, me atrevo a colgar aquí el primer extracto oficial de Noche de Tentación. Pequeñito -no le pidáis peras al olmo, al menos no todavía ;)-, pero REAL. Y que conste que no lo hago por mí; lo hago por Angélica y por Asmodeus. Porque se lo merecen :).
"No estaba preparada para encontrar su boca otra vez.
Nada, en mil Universos como aquel, podría haberla prevenido de la explosión de
sus labios en los suyos seis mil años después de la última vez. La mano de
Asmodeus se cernió en torno a su nuca y la apretó con más fuerza. Atrapada,
Angélica se rindió a su beso. Las rodillas se le aflojaron, igual que se
aflojaron sus hombros y se aflojó su cuello. Algo en su interior rugió de
alivio cuando él le acarició la mejilla y la besó con más intensidad.
El
mundo estaba plagado de cosas hermosas y gratificantes. Y luego, por encima de
todas ellas, estaban los besos de Asmodeus. Cálidos. Arrolladores. La sola idea
de haberlos perdido para siempre la había hecho despertar, sudorosa y hecha un
mar de lágrimas, más madrugadas de las que su ego toleraba reconocer."
miércoles, 15 de enero de 2014
París
Aunque no sea muy adecuado hacer apología de uno mismo, hay un texto en este blog que me apetece enormemente recuperar. Un texto que escribí hace ya tiempo -tanto, que a veces me resulta imposible pensar que salió de mi pluma-, y cuyas líneas son el dardo más certero para lo que hoy, en esta mañana de nubes en la que inicio las presentaciones oficiales de Noche de Tentación, pretendo expresar.
Esto es lo que escribí aquel lejano 3 de junio del año 2010:
Hay trozos de mi corazón desperdigados por múltiples rincones del mundo, pero, si alguna vez visitáis París, no encontraréis ninguno. Porque París nunca tendría el valor de conformarse con unas migajas; se lo llevó entero.
Son sitios, me dice la razón. Los sitios no piensan, no se emocionan. Los pilares que sostienen el puente de Sully no saben que un río con nombre de mujer discurre entre ellos. La rectilínea escalinata del Musée d´Orsay no conoce el universo de pinceladas airadas al que se dirige. El Moulin de la Galette no tiene idea de por qué se llama así, ni qué cielo dejaron de rasgar hace décadas sus resquebrajadas aspas. La Salpêtrière no escucha ningún grito fantasmal reverberando entre las piedras de sus muros. ¿Qué culpa tiene la Biblioteca Nacional de inundarse cuando no debe por culpa de un río con nombre de mujer?
Son sitios. No piensan, los sitios. No se emocionan.
La musa que aún llora la muerte de Chopin no puede hacer nada por nuestros recónditos deseos. Absolutamente nada. Los andenes de la gare no despiden al TGV cuando dice adiós rumbo a un destino indefinido. El glamour de Pigalle es de hojalata; las prostitutas del Bois de Boulogne no llevan zapatitos de cristal, sino más bien botas de charol violadas por el barro de los lagos. Ni siquiera hay un bonito palacio real con arabescos, esculturas alegóricas y balaustradas de bronce en el centro de París. Tan sólo un basto edificio gris con severos chapiteles donde conservar la cuchilla que decapitará al próximo que se atreva a insinuar que París es una ciudad apta para princesas.
Son sitios, pero a mí me hacen pensar, reír, llorar sin remedio, anhelar, temblar de hielo y de fuego, esperar, suspirar y desesperar; enfadar, soñar, gritar, correr, besar, buscar, bromear, admirar, decir, vibrar, consentir, suplicar, gemir, odiar. Vivir.
Mi alma vuelve a la ciudad a la que pertenece, ésa de la que nunca llegó a marcharse del todo. Regreso a la ciudad que no me vio nacer, ni me vio crecer, ni, probablemente, me verá morir, pero que siempre me verá sonreír, sentir y amar.
Éste es el París que adoro. El que tira de mí con la fuerza de un campo magnético. El París que queda tras los souvenirs de la Torre Eiffel y las fotografías casposas en la pirámide del Louvre; el que he convertido, por obra y gracia de la palabra escrita, en el patio de recreo de dos seres que no son de este mundo.
Éste es el París que, con peor o mejor suerte, he tratado de plasmar, y el París que, con mejor o peor suerte, descubriréis entre las páginas de mi nueva novela.
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