martes, 16 de agosto de 2016

Cómo conocí a vuestro tío - Parte XIV: Venecia


Chicos, vuestro tío Nino me dijo que me quería por primera vez (sin la coletilla en la que especificaba que “solo como amiga”) en Venecia, algo que, se mire por donde se mire, no puede resultar más romántico. El problema es… que vuestro tío no estaba allí. Solo yo estaba en Venecia.

Unos días antes, me había visto obligada a salir de la burbuja de amor que estaba empezando a compartir con Nino para embarcarme en el viaje de fin de carrera que mis compañeros y yo llevábamos meses planificando: un crucero por el Adriático y el Egeo que zarpaba, precisamente, desde Venecia.

Allí, mientras arrastraba conmigo la inexplicable sensación de echar de menos el tacto de alguien a quien no había tenido ocasión de acariciar jamás, en una de las calles aledañas a la Piazza San Marco, rodeada de soportales y de turistas, entre una librería de segunda mano y una joyería especializada en cristal de Murano, recibí el mensaje que cambió para siempre el curso de nuestra relación. Un mensaje en el que, por azares del destino, vuestro tío no decía que me amaba de forma premeditada y consciente, sino que se le escapó en un juego de palabras. En el momento en que lo leí, las hordas de turistas que me rodeaban frenaron en seco; el tiempo se detuvo en seco; yo me paré en seco. La hermosura de Venecia dejó de existir. Y, mandando a la porra el roaming, le envié dos mensajes, uno tras otro.

El primero, como no podía ser de otra forma, fue para burlarme por su desliz.

El segundo fue mucho más breve.

«Yo también a ti».

A partir de ese momento, el resto del viaje se convirtió en una amalgama sin sentido de lugares a los que soñaba con volver algún día con vuestro tío Nino y de recargas de la tarjeta prepago que pudiesen hacer frente a las despiadadas tarifas de comunicación desde aguas internacionales.

Y ese es el motivo por el que los dos siempre tuvimos claro que, aunque fuese en otras aguas y bajo otra bandera, nuestra luna de miel, esa para la que contamos los minutos, transcurriría a bordo de un crucero.