jueves, 21 de julio de 2016

Cómo conocí a vuestro tío - Parte VI: Mujer que no tendré

Chicos, tengo que reconocer que, antes que vuestro tío Nino, ya se había cruzado en mi camino otro canario que me había robado el corazón. No, no os asustéis. Ese canario se llama Pedro Guerra, y una de sus canciones, Mujer que no tendré, se convirtió casi en un himno en aquellas noches de primavera en las que, salvando la distancia física, la hora menos en las islas, el sueño y, sobre todo, el hecho de que, os recuerdo, yo no era una mujer soltera, vuestro tío Nino y yo nos dedicamos a conocernos, a descubrirnos, a tantearnos el uno al otro hasta la madrugada entre las letras parpadeantes de un par de pantallas separadas por más de dos mil kilómetros.

En aquellas noches de primavera se mezclaron las bromas con las confidencias, las confidencias con los sueños, los sueños con los planes locos y los planes locos con los recuerdos que apenas estábamos empezando a construir entre los dos. Como el de la ocasión en que vuestro tío Nino bautizó una estrella con mi nombre. O como la vez en que casi se rompió el hombro durante un partido y lo primero que hizo, en lugar de ir a la enfermería, fue escribirme un mensaje con la mano izquierda solo para decirme que había jugado genial gracias a mí. O como aquella vez en que medio en broma, medio en serio se marcó un «Ted Mosby» y me dijo que me quería. «Solo como amiga», se apresuró a aclarar, pero los dos sabemos, y así me lo confesaría mucho después, que él no me ha querido solo como amiga nunca en su vida. A la mujer cuyos besos, como dice la canción, estaban más lejos de sus labios que el desierto del Sahara, el mercado de Estambul y la noche en Katmandú. A la novia de otro.

Chicos, aunque viéndonos ahora resulte difícil de digerir, debo admitir que durante mucho tiempo, años incluso, la relación entre vuestro tío Nino y yo fue una relación desigual. Una relación en la que solo uno de los dos estaba enamorado del otro de forma incondicional y sin esperar nada a cambio, aferrado a un imposible. Y ese alguien, chicos, no era yo. 



2 comentarios:

Leonor Basallote dijo...

Me has recordado al libro que estoy leyendo. La Lista de Mario, de Neira, tiene mucho de querer en la distancia y de relaciones en momentos de la vida que no son los más oportunos. Me encanta tu historia!!! Para cuándo la novela biográfica? ��

Érika Gael dijo...

Uff, no, Leonor, creo que mis coqueteos con el género autobiográfico nacen y mueren con este experimento... Me ha costado demasiado sudor y estoy pasando demasiada vergüenza como para repetir la experiencia, jajaja. ¡Gracias por pasarte!