viernes, 31 de enero de 2014

Angélica

Ya queda menos, mucho menos, para que tengáis entre vuestras manos Noche de Tentación. Por eso, no se me ocurre un modo mejor de despedir enero que presentándola. A ella. A Angélica. Uno de los contrapuntos de esa lucha de gigantes que conforma esta historia. Y tampoco se me ocurre mejor forma de que la conozcáis un poco más que a través de su polo opuesto: Asmodeus. Él. El mismísimo. 



A las doce en punto, con precisión de relojero, la puerta que daba a la Rue du Fouarre se abrió, y el cristal tintineó en los goznes como una campanilla anunciadora. Asmodeus se giró a tiempo de ver la figura esbelta y diáfana entrar en el bistró. Para su maldita desgracia, todo el local pareció resplandecer con ella dentro.

Durante unos segundos, tuvo la oportunidad de contemplarla a placer sin que ella se supiera observada. Estaba quieta, muy quieta, con aquellos enormes ojos azules convertidos en los de un ratoncillo asustado. Llevaba un vestido de color teja, largo hasta las rodillas y adornado con un par de mangas francesas. Su pelo rubio, suelto y recién cepillado, ondeaba como espuma dorada sobre los hombros.

Hubo un tiempo en que Asmodeus hubiese caminado sobre los fuegos del Infierno por esa mujer. Oh, espera, de hecho así había sido. Se había abrasado en las llamas del Mal por ella. Había padecido sufrimientos que ningún cuerdo podría soportar jamás sin caer preso en la locura. Había conocido la gloria y el abismo de manos de la misma criatura.

Había esperado que, algún día, ella fuera tras él. Que confesara que todo había sido un error, que se explicara, que se arrepintiera y, sobre todo, que se quedara a su jodido lado para siempre. Que avivara con esa sonrisa incauta todas sus esperanzas podridas.

Esperó.

Esperó.

Esperó.

Ahora, lo único que aguardaba con impaciencia era que ella caminara sobre las mismas cenizas que lo habían visto corromperse a él.

Aquella diablesa consumada le debía una. Y, por todos los perros del Infierno, se la iba a cobrar exquisitamente cara. No tenía escapatoria...



Imagen: Diane Kruger





2 comentarios:

S.D. Rice dijo...

Qué manera de poner los dientes largos!!!!!! Erika estoy deseando leer Noche de Tentación!!!! un besote guapa!!

Érika Gael dijo...

Gracias por pasarte por aquí a tentarte un rato, guapísima! ;)